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1.- El cadáver
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2.- Primeras pesquisas
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3.- El notario de Cadalso de los Vidrios
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4.- Nuevas líneas de investigación
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5.- El cuñado del difunto
6.- LA CONFESIÓN
Libertad para el San Isidro
El martes 11 le fue notificado oficialmente al fiscal don Luis María Mesa el auto de libertad de D. Pedro de la Vega Martínez, notario de Cadalso de los Vidrios. De acuerdo con el fiscal de la Audiencia, Sr. Lavín, que como se ha indicado delegó en el Sr. Mesa su intervención en la causa, dicho Sr. Mesa presentó el miércoles un recurso de alzada, considerando indebida la libertad del notario.
El mismo martes el Juez también puso en libertad a José Álvarez (a) el San Isidro, por la debilidad de los indicios en su contra. Desechada por el Juez la primitiva pista, y convencido ya su señoría de que la segunda no daba luz, el caso quedaba más envuelto en la sombra de lo que ya estaba la noche en que ocurrió el crimen
Ampliación de declaraciones
Por fin se pudo localizar al hombre que en un primer momento detuvo al autor del crimen en la calle Argumosa. Se trataba del Sr. García López, estudiante de farmacía que trabajaba en la botica de la calle de la Sombrerería, quien corroboró las descripciones dadas por el dependiente de la tienda de ultramarinos, aunque no explicó convincentemente su silencio de días anteriores. En las primeras horas de la mañana del martes volvieron a declarar en la Casa de Canónigos la viuda de Avilés y el estudiante, que fueron llamados para ampliar sus declaraciones ante el Fiscal Sr. Mesa, con objeto de aportar al sumario nuevos datos. La viuda del desgraciado Avilés realizaba gestiones necesarias para tomar parte en la causa.
Descubrimiento del autor del crimen.
Cuando ya se habían perdido todas las esperanzas de descubrir al verdadero autor de este crimen, concibió el celoso y perspicaz inspector Martínez, la sospecha de que pudiese ser autor de este delito un sujeto llamado Juan Martín Moreno, hijo del administrador de los coches de D. Julián Moreno, que fue quien acompañó a la víctima desde la estación del Mediodía hasta la calle de Argumosa, según él mismo declaró al ser interrogado por el Juez, a quien manifestó que no se apercibió de nada ni tuvo conocimiento de lo ocurrido hasta que al día siguiente se enteró de la noticia por los periódicos.
El miércoles por la mañana el inspector puso en conocimiento del Juez la sospecha que había concebido. El Juez, en vista de esto, examinó la causa, y teniendo a la vista la declaración prestada por el sujeto sospechoso, encomendó la detención de éste a D. Rafael Martínez y a D. Isidro García.
El Fiscal, Sr. Mesa, se ofreció a acompañar a D. Rafael Martínez y a D. Isidro García, dirigiéndose todos juntos a la estación del Mediodía, en donde lograron encontrar al sujeto en cuestión a las diez de la noche. Juan Martín Moreno, de unos treinta años, era de estatura regular y de aspecto simpático y distinguido.
Inmediatamente se le interrogó sobre el traje que llevaba puesto la noche en que ocurrió el crimen; se le condujo a la Delegación. Ya en la Delegación, sus negativas fueron rotundas. Se le encerró en un cuarto de aquella oficina, y el fiscal y los dos agentes que habían procedido a su captura fueron a la casa de la novia de Martín, y ésta les dijo que la noche del crimen no fue a verla su novio, pero que sabía que aquel día llevaba un traje negro y un sombrero hongo. Estas señas coincidían precisamente con las que los testigos dieron del agresor Después estuvieron en casa de éste, en la calle de San Cosme 18, y allí encontraron una americana negra con una mancha de sangre y una rasgadura como hecha por una navaja.
Con estos antecedentes, y a pesar de que el detenido seguía negando, los Sres. Mesa, Martínez y García le acosaron con tan hábiles preguntas, que el presunto criminal se puso tan nervioso y tan abatido, que aun cuando él no se hubiese confesado autor del delito, le denunciaba ya de un modo indudable su agitación, que hizo necesaria la presencia del médico. A partir de este momento ya no cupo la menor duda a ninguno de los presentes de que Juan Martín Moreno era el verdadero autor de la muerte de Avilés.
El fiscal, señor Mesa, mandó llamar al boticario de la calle de la Sombrerería, que vio huir al matador, y que lo reconoció. Verificóse un careo entre ellos, y el boticario afirmó que Juan Martín era el autor del homicidio. Un médico de la Casa de Socorro, llamado también por el Señor Mesa, reconoció al detenido y certificó su agitación violenta y la posibilidad de que los arañazos que tenía fueran inferidos en riña con otro.
La confesión del crimen.
Juan Martín Moreno no pudo resistir más aquel cúmulo de acusaciones y de pruebas, y se levantó de la butaca donde le había hecho sentar el señor Mesa, exclamando: ¡Sí, señor fiscal! Yo soy el matador! Al concluir estas palabras cayó sobre la butaca, vertiendo abundantes lágrimas.
El detenido explicó en estos o parecidos términos cómo ocurrió el crimen:
Encontrábase Avilés durmiendo en el interior del coche cuando llegó el tren, y yo me acerqué a despertarle, a cuyo efecto le toqué con la mano en el hombro, dicie´ndole que tenía los Siete Durmientes. Levantóse de mal humor, y tuvimos algunas palabras. Por desgracia, no recogimos ningún viajero (de otro modo quizás no hubiese ocurrido nada) y nos marchamos juntos en el mismo coche.
Bajamos juntos en la Ronda, y, al llegar a un puesto de agua, le dije que me convidase a un refresco de cebada, a lo cual me replicó: “Otra noche será; pero esta noche, no, porque hace mucho fresco”.
Seguimos andando, y poco antes de llegar a la calle de Argumosa me paró y me dijo: “Oiga usted, señor Juan: otra vez que tenga usted que llamarme, hágalo con mejores modos”.
-Yo no acostumbro a faltar a nadie –le contesté.
-Pues usted me ha faltado esta noche; y si otra vez volviese a faltarme del mismo modo, le juro que… (aquí una frase injuriosa) y me dio de bofetadas. Entonces saqué una navaja y le amenacé; Avilés sacó otra y me agredió.
-Yo entonces cegué y no vi… De lo que pasó aquella noche no me llegué a formar cabal idea hasta que le vi el día siguiente, antes de que le enterrasen.
-¿De modo, que usted asistió al entierro? –le preguntó el Juez.
-Sí, señor: al día siguiente fui dos o tres veces a la casa del muerto, porque no sabía lo que me pasaba y creía que, viéndole, lo iba a resucitar. Después asistí al entierro, y antes de que se le enterrase, le vi dos o tres veces en la caja, porque no podía convencerme del mal tan grande que le había causado.
-¿Recuerda usted si le detuvieron momentos después del crimen en la calle de Argumosa?
-Sí, señor; pero yo no sé lo que dije: sólo recuerdo que, el que me soltó, me aconsejó que fuese al paso para no infundir sospechas. Así lo hice, y me marché por la calle del Salitre a la de Valencia, hasta la calle de San Cosme, núm. 18, segundo, en donde vivo. De lo ocurrido no he contado nada a nadie hasta este momento.
Juan Martín era alto, delgado, moreno, con bigote pero sin barba. Llevaba traje de chaqueta y sombrero negro cuando cometió el delito. Estudiaba o se preparaba para la carrera de medicina.
Estas circunstancias y los reconocimientos hechos por algunos testigos, fueron la causa de que se le confundiese con el Notario de Cadalso de los Vidrios, quien nunca se vería suficientemente indemnizado de las molestias, disgustos y torturas que debío de sufrir sufrido viéndose acusado injustamente de tan enorme delito.
Ingreso en prisión
Después de confirmar su declaración ante el Juez Sr. Campo y Yagüe cuanto ya había manifestado anteriormente, el detenido fue conducido el jueves por la mañana a la Cárcel Modelo, juntamente con el auto de procesamiento.
Para mayor celeridad en la terminación del sumario, el Señor Juez, a quien debe rendirse justo tributo a su celo e inteligencia, pidió al Director de la Cárcel que le remitiese la filiación del procesado, con objeto de unirla al sumario, el cual se remitirá probablemente a la Audiencia pasado mañana.
El viernes 14, convicto y confeso el autor del crimen, se elevó la causa a la Audiencia, dándose por concluido el sumario.
Firma de don Pedro de la Vega en la hoja de liquidación parcial.
Sociedad de fábrica de vidrio. Julio de 1887
Repercusión en la prensa
La Época:
«El fiscal Sr. Lavín, ha llamado al Sr. Mesa, felicitándole calurosamente por su buen servicio. La Sala de Gobierno propondrá al joven fiscal para un juzgado, en premio a su trabajo. La felicitación es extensiva al juez Sr. Campo Yagüe y a los dos agentes, que merecen también, como el Sr. Mesa, una recompensa».
«De la instrucción de este sumario quedará siempre –aparte de las muestras de verdadero celo y actividad que han dado el Juez instructor y el fiscal –un recuerdo amargo: el de la terrible acusación lanzada contra el notario de Cadalso de los Vidrios, que le retuvo tres mortales días en la Cárcel-Modelo, así como a su convecino el señor Abad. D. Pedro de la Vega, como otros periódicos han manifestado, es, en efecto, persona de muy honrosos antecedentes. Conociéndole con anterioridad, no era posible haberle creído nunca autor de tan horrible crimen, ni aún en los días en que las circunstancias parecían serle más adversas. Hoy, la tranquilidad ha podido volver por completo a su ánimo; pero ¿cuándo se borrará de su memoria la espantosa imagen de las torturas pasadas?»
La República:
«Los novelescos detalles de este crimen; la prisión del notario y del concejal de Cadalso de los Vidrios; el auto de libertad; la apelación del fiscal especial; la prisión del cuñado del muerto, y el misterio mayor a cada instante que iba envolviendo el hecho, habían llegado a excitar la curiosidad del público, que lo consideraba poco menos que como uno de esos crímenes que se desarrollan en los folletines franceses. Verdaderamente, es una decepción la que ha ocasionado el saber que se trata de uno de los más vulgares sucesos, y que el autor no gasta levita, ni es más que un compañero del muerto».
Escritura autorizada por don Pedro de la Vega. 1885